Sibisse, Cristóbal y nuestros vástagos de papel y cartón en una foto muy internacional
Con las últimas novedades apenas habíamos tenido tiempo para comentar un
evento en el que nos hizo mucha ilusión colaborar y que ha mitigado de algún
modo el amargo sabor que nos dejó la cancelación de las Jornadas de la Marca. El
evento en cuestión fue el encuentro internacional “R2D20: roleplaying for
development” celebrado aquí en Lorca del 19 al 27 de septiembre, organizado por
la asociación amiga Aranea Murcia y al que asistieron jóvenes de Grecia,
Italia, Lituania, Eslovaquia, Polonia y España. El tema del encuentro fue el
desarrollo de competencias (habilidades, conocimientos y actitudes) a través de
la metodología de los juegos de rol y cómo se pueden utilizar estos a la hora
de trabajar con jóvenes temas tan importantes como la violencia de género, la
resolución de conflictos, la toma de decisiones, la interculturalidad, el
racismo o el respeto del medioambiente.
Ya conocíamos experiencias exitosas en la utilización de los juegos de rol
como método educativo, ya sea para hacer que los chavales sientan más viva la
historia, como para desarrollar en ellos habilidades como la empatía y el
trabajo en equipo, que son tan necesarias para resolver los conflictos de este
mundo cambiante, pero que son difíciles de tratar en la escuela, con los métodos
tradicionales.
Los juegos de rol permiten que los chicos y las chicas actúen en un entorno
seguro y controlado, que experimenten, que tomen decisiones, que fallen, que
mueran y vuelvan a resucitar, que sean ellos mismos o que jueguen a ser otros.
Esto les permite una enorme libertad, pues el fracaso no es algo terrible que
va a significar un conflicto en la vida real (tal como son los fracasos en los
temidos exámenes), sino que forma parte del juego. El juego ha entendido algo
que al sistema educativo le cuesta entender: fracasar forma parte fundamental
del proceso de aprendizaje. Una vez que los jugadores acaban la partida, pueden
reflexionar sobre lo que ha sucedido, sobre cómo se han sentido y también sobre
cómo aplicar lo vivido a la vida real. Según el esquema de Kolb, para aprender
algo primero hay que experimentarlo, después reflexionar sobre ello, más tarde
generalizarlo y por último aplicarlo a la vida, con lo que el círculo vuelve a
empezar de nuevo.
En este sentido los juegos de rol presentan un escenario inigualable para
la experimentación. De hecho, los primeros juegos de los niños tienen mucho que
ver con los juegos de rol, pues los niños inventan con facilidad mundos de los
que son actores, les ponen sus propias (y flexibles) reglas y actúan como los
verdaderos protagonistas de esos juegos. Recuerdo que de pequeña mi juego
favorito era cuando nos juntábamos mi prima, mi hermana y yo y hacíamos como
que éramos dioses griegos (Zeus, Atenea, Afrodita, Artemisa) y decidíamos el
destino de los humanos mientras correteábamos por los jardines de aquel colegio
exuberante de Febles Campos del que mi abuelo era conserje.
Luego parece que nos acostumbramos a las reglas, a que nos digan lo que
podemos y lo que no podemos hacer, a dejar de experimentar, sin darnos cuenta
de que eso significa dejar de aprender. En esta convivencia fue muy curioso ver
la diferencia entre los chicos que estaban acostumbrados a jugar al rol y los
chicos y las chicas que no (por desgracia queda mucho camino por andar para que
haya más jugadoras), pues cuando no estaban acostumbrados a jugar al rol les
costaba mucho tomar decisiones o arriesgarse a actuar. De alguna manera estaban
buscando el “camino correcto”, la “mejor forma” de hacer las cosas. Sin embargo,
en la vida, en el rol, no siempre existe la mejor forma, sino que puedes probar
formas diferentes y tener éxito, o fastidiarlo del todo sin que puedas evitarlo. Jugar
es correr riesgos. Los jugones a veces no entendemos el miedo que produce a un
ajeno el hecho de abandonar su zona de confort y atreverse a aceptar las reglas
de un mundo que no es el suyo, que no entiende (al menos al principio) y que no
puede controlar. Igual es que trasladamos nuestra experiencia del mundo real al
juego y pensamos que si fracasamos es que somos unos fracasados, que si no
entendemos es que somos tontos, si nos echan somos unos marginados. Cuando por
fin los participantes se atrevían no sólo a jugar, sino a crear sus propias
historias y sus propios juegos, algo mágico sucedió. De pronto los más tímidos
hablaban, los más peleones escuchaban a los demás, los que tenían claras sus
ideas empezaban a verlas desde otro punto de vista, y cuando veían a sus
compañeros atreverse a dirigir partidas, a crear juegos, ellos también
empezaban a atreverse.
Cuando nos ponemos en la piel de otro nos empezamos a conocer mejor a
nosotros mismos, pues ya no tenemos que constreñirnos en esa “identidad” que
hemos creado día a día para encajar en un esquema en el que tenemos que ser la
hija de, la hermana de, la compañera de, la maestra de… sino que podemos vernos
a nosotros con otra luz y a través del juego descubrir mejor quiénes somos.
También podemos entender a los otros sin juzgar, sino poniéndonos en su piel y
contando su historia como si fuera nuestra. Hay una frase de Eduardo Galeano
que siempre me ha parecido tremendamente esclarecedora: “los científicos dicen
que estamos hechos de átomos, pero a mí un pajarito me contó que estamos hechos
de historias”, porque quienes somos viene determinado por quiénes nos contamos
que somos. Y así, al ser otros, al contarnos en otras historias, vivimos más y
aprendemos mejor.
Nuestra colaboración con la asociación Aranea ha sido muy enriquecedora, pues nosotros hemos contado las historias y ellos han hecho que estas historias impliquen un verdadero aprendizaje significativo para los jóvenes. Estamos muy orgullosos de haber participado en este proyecto y esperamos seguir contando historias, seguir viviendo aventuras con ellos en el futuro. 

Manuel y Sibisse

Preparando el programa de la convivencia
También hay tiempo para echar un “Coup” después de comer…
RPGirls
Un grupo… de leyenda.
Preparando hojas de personaje a tutiplén
Panos, de Grecia, mastereando una partida de D&D con españoles, italianos, griegos y eslovacos