Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, la impostura es fingimiento o engaño con apariencia de verdad; mientras lo impostado es artificio, algo, por tanto, falto de naturalidad, que se dice fingido.
Y se preguntarán ustedes, ¿a qué viene esto? Bien, es sencillo, les explico. Hace unos días podía leer la afirmación de un individuo que venía a decir que el hecho de crear un retroclón como Aventuras en la Marca del Este era algo innecesario, impostado, fingido, de mentirijillas vamos, ya que, según el razonamiento del sujeto de marras, a D&D Básico, edición de Dalmau Carles Pla, no jugaba ni el tato. Es decir, esta persona sabía, y sabe hoy, a qué jugaba todo quisque en la España de 1985 en adelante, en un tiempo en el que mandabas una postal desde Benidorm para dar envidia al vecino (que no había Internet, vamos, y uno no sabía bien lo que ocurría más allá de las paretas de San Diego). Es más, nosotros, que comenzamos a jugar con esta edición y continuamos haciéndolo por mucho tiempo antes de pasar a AD&D, tampoco jugábamos a D&D Básico, es más, llevamos más de 20 años fingiendo jugar a este juego, para engañarles a ustedes, y a nosotros mismos. 
Mucha de la gente que conocíamos entonces, adentrándose en el mundillo como nosotros, tampoco jugaba a D&D Básico, a la famosa caja roja, era mera impostura, en realidad hacían como si jugaban para engañar al personal, para ir de guay, pero no estaban jugando, estaban simulando. Los chicos del club de juegos de rol del colegio en Madrid, que yo en su día ayudé a crear, y en el que estuve participando durante años desde finales de los ochenta, tampoco jugaban a D&D de Dalmau, y lo sé porque yo mismo dirigía no pocas aventuras al mes, usando mi caja roja en inglés, que me traje de Irlanda, junto a las fotocopias de la caja azul de Expert y la Companion, que aún guardo en casa (por cierto, en el colegio de Irlanda donde estuve con chicos de toda España, también había un montón de gente jugando a D&D Básico). Lo afirmo categóricamente porque yo solía ser el Dungeon Master, y ya puedo confesar que aquellas partidas que dirigía no eran D&D Básico, aunque lo parecieran, en realidad la caja roja estaba vacía, y dentro había una copia de Cyborg Commando. Los muy tontos no sabía ni a lo que jugaban, como dice este tipo, y seguramente lo hacían mal. Pobres ilusos. 
Y luego recuerdo todos aquellos veranos de juventud, fingiendo jugar a D&D, en una eterna impostura, con un montón de gente de Murcia y alrededores. Y no sólo a D&D, jugábamos a muchas más cosas, otros juegos de rol, de mesa y cosas que nada tenían que ver… Vamos, lo normal entre jóvenes algo casquivanos. Y nadie estaba preocupado por lo que pudiera jugarse en otros lugares, ni si se jugaba más o menos a este juego o a cualquier otro. Como gente cabal, ¡aún siendo adolescentes!, estas cosas nos importaban un carajo, lo importante, entonces y ahora, era jugar, jugar a lo que nos gustaba, respetando a todo el mundo.
Y fíjensen ustedes, que fue comentar este asunto de la eterna impostura de los jugadores de D&D Básico en nuestra cuenta de Twitter, y muchos otros compañeros respondieron, afirmando iniciarse en la afición con la caja roja de Dalmau, y jugar por tiempo considerable. Ahí tienen los mensajes, que pueden leer si disponen de cuenta en Twitter, algunos de los cuales me permití retuitear, o como se escriba. Pues miren, siento decirles, que todos estos amigos que afirman en Twitter haber jugado en su día con la caja de marras, tampoco jugaron en realidad, están fingiendo, ¡nos están mintiendo!, es otra impostura nefanda, hábilmente orquesta por una mano negra para engañar a un mundo que ansía saber la verdad.
Es más, la caja roja de Dalmau, publicada en 1985, no fue en realidad el primer juego de rol editado en España. Esto también forma parte de la conspiración, es otra de las tramas oscuras dentro de la leyenda negra de los no jugadores de D&D Básico edición Dalmau. En realidad, la caja roja de Dalmau jamás existió, es como la bala mágica del asesinato de Kennedy en Dallas, como el ovni del Área 51, como el gol fantasma de Míchel contra Brasil, como el peluquín de Carrillo. Es un enigma, envuelto en un acertijo, algo ignoto y peligroso, de lo que no conviene hablar.
Es más, cuando nosotros decidimos auto-editar una pequeña tirada emulando el juego de nuestros amores, allá por el 2010, un juego al que llevábamos fingiendo jugar más de dos décadas, lo hicimos de mala fe, impostando todo el proceso, creando un artificio engañoso con apariencia de verdad. Y no podía ser de otro modo, porque nunca antes habíamos jugado a D&D Básico, ni a nada parecido, como los impostores viles que éramos y que somos aún hoy. ¿Cómo diántre podríamos haber jugado a un juego que ni tan siquiera existía,  y como podríamos emular algo inexistente, y que hubiera incluso gente que lo comprara? Estas preguntas todavía me asaltan de madrugada, cuando me despierto, empapado en sudor frío, atormentado por toda una vida de impostura, sobre un colchón abotargado por los cientos de fajos de billetes de 500 euros escondidos bajo el mismo.

Pero además les digo, como comentaba un amigo en Twitter, que es totalmente absurdo presuponer que un retroclón se diseña exclusivamente para aquellos que conocieron el original (ya no les cuento para el caso de un retroclón que intenta emular un juego que no jugaba nadie, y que dudamos incluso que existiera, esa mítica caja roja de Dalmau), como si ciertas sensaciones, una manera de entender el juego, fueran exclusivas de otrora, y estuvieran, por ende, vetadas a noveles jugadores.

¡Ay! Finalmente hemos sido desenmascarados, los centenares, sino miles, de impostores, canallas, que decíamos jugar pero no jugábamos, descubiertos por este genio preclaro y maravilloso, dotado del don de la presciencia, que lo sabe y conoce todo, omnímodo y ubicuo, infalible y certero. ¡Adorémoslo!, envuelto en el paño del púlpito, hermoso y lozano, pontificando desenvuelto e indefectible en su lógica de andar por casa en zapatillas, en su estupor santificado de siesta de pijama y orinal.  
Y es que la ignorancia es atrevida. Aunque la estupidez lo es aún más.
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