Es imposible estar allí y no sentirse totalmente feliz, es un lugar tan dichoso, tan pleno y emotivo que se me antoja un sueño, cálido y agradable como una suave brisa agosteña.
Yo crecí leyendo a este enorme genio, de prosa rica y esplendorosa como ninguna. Recuerdo acabar su magnum opus con lágrimas en los ojos, ya que tocaba a su fin un deleite sublime que se había prolongado por unas semanas que recuerdo con cariño. Pues es una obra maestra como pocas, que anda por derecho propio entre los más grandes monumentos literarios de la Humanidad. De hecho, quizás sea esta su más brillante aportación: la tremenda humanidad que inspira su historia, ejemplificada en la lucha del bien contra el mal, una guerra eterna para con el hombre cimentada en valores tan deslumbrantes otrora como el honor, la lealtad y la amistad, cualidades hoy angostadas en su significado y valía en este mundo moderno ofuscado de terrores tecnológicos que palidecen ante la fuerza de la imaginación humana, cuando brilla supeditada al genio de los justos, por pocos.
¿En qué materia estáis forjado? 
Y no había año dispuesto en mi vida que no volviera a recorrer sus páginas, disfrutando como el primer día. Y no sólo de este libro tan hermoso, sino de toda la obra canónica de su reconocido autor. Y que nadie me niegue tal cosa, pues sólo me compete.
Hace apenas un par de días pude acercarme a ver la adaptación cinematográfica de ese libro que amo y que les contaba yo. Y cómo disfruté, tanto fue así que quiero compartirlo con ustedes. Pues en verdad es un ejercicio narrativo genial, un entretenimiento colosal, de principio a fin, impecablemente planificado y ejecutado. Qué hermoso arraque que nos invita a pasear por los enormes salones de la mítica montaña, y conocer su daño y funesto destino. Y sigue este cuento entrañable con una cena y un viaje inesperado, una aventura que inherentemente atesora la misma esencia de ésta, por lo que se nos cuenta y lo que trasciende en sí, que no es otra cosa que esos valores eternos, hoy trasnochados, del valor, la lealtad y el honor… de todo lo bueno que habita en el corazón de los hombres, aunque no sean hombres en propiedad.
Infinidad de detalles reseñables que sería muy prolijo enumerar, pero si me permiten, me quedo con la planificación y encuadre de una maravillosa escena, quizás no tan reseñable para otros pues no resulta tan espectacular, pero que en su fondo aglutina toda la maravilla de esta epopeya genial. Y es que la meditada coreografía de la dama de blanco contra un sol refulgente que apenas despunta por el horizonte es sencillamente perfecta: su pose, su belleza, la fuerza interior… ¡qué maravilla! Y por unos momentos te olvidas de todo y vives la aventura que se te presenta, la aventura que es el cine, que no es otra cosa que el puro y duro entretenimiento, a su ritmo y maneras, que son las del cine, que no literatura. Cada cosa en su lugar y a su momento.
Es imposible estar allí y no sentirse totalmente feliz, es un lugar tan
dichoso, tan pleno y emotivo que se me antoja un sueño, cálido y
agradable como una suave brisa agosteña.

NOTA:

Vengo leyendo en muchas reseñas referencias al autor, críticas poco formadas, tachándolo de ingenuo, maniqueo e inocente.

Más nos
valdría a todos nosotros no vivir lo que él, ingenuo, hubo de afrontar: el infierno del Somme, durante la Primera Guerra Mundial,
donde hubo de ver a dos de sus mejores amigos mutilados por la
metralla (en la batalla de Thiepval Ridge). Nosotros nos atrevemos a llamarle ingenuo e inocente, que
disfrutamos de vidas regaladas. Y él escribió:
They lie in all the pools, pale faces, deep deep under the dark
water. I saw them: grim faces and evil, and noble faces and sad. Many
faces proud and fair, and weeds in their silver hair. But all foul, all
rotting, all dead.
Una frase extraída del original de su obra más conocida. Si esto no anda inspirado en el brutal escenario campal del Somme (una de las peores y más terroríficas batallas de la triste historia bélica de la Humanidad, con  más de 1 millón de bajas registradas entre ambos bandos), que alguien me saque de mi error ya mismo.

¿Ingenuo? Nosotros somos los ingenuos, los idiotas.

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