Ayer disfrutamos de una nueva sesión de juego en Rappan Athuk, llena de peligros, tesoros y criaturas horribles, como es costumbre. Lo más reseñado de la noche fue nuestro encuentro con un contemplador. Descubrimos una gruta oculta tras una catarata (siempre hay una caverna oculta tras un salto de agua, es una verdad universal incuestionable) y entramos a investigarla sin miramientos, descuidando la retaguardia, un error imperdonable propio de novatos y que pagamos con sangre… y piedra. Estos lugares, como se pueden imaginar, tan ocultos y a salvo de miradas indiscretas, son lugares propicios para servir de madriguera o refugio a los más variopintos monstruitos. En el caso de esta caverna, su inquilino era el dichoso contemplador, bichejo insidioso donde los haya y un duro adversario, que nos sorprendió como novatos. Mi personaje, el clérigo enano de Moradin, quedó convertido en piedra a la primera de cambio, por eso decía yo lo de pagar en sangre y en piedra nuestro descuido. Afortunadamente, nuestro compañero guerrero, Fran, acertó con un tiro localizado al ojo principal, un crítico afortunado, que provocó la retirada del bicho y nuestra salvación. Más tarde, ya recuperados, descubrimos que una partida de aventureros anterior a nosotros cayó también en la trampa siendo masacrados sin piedad por el ojo tirano. No tardamos en rapiñar los cuerpos momificados de los desdichados aventureros, como es de rigor.

En fin, aquí les dejo unas pocas fotos de la sesión.

Seguimos jugando en el pub de Javi, cerrado para nosotros.

El totum revolutum habitual en nuestras partidillas, donde los dados se mezclan con grasientas porciones de comida basura, en este caso de un turco cercano.

La partida de la noche no está exenta de tensión, habida cuenta de que vamos ya explorando muy abajo en el complejo y las cosas son cada vez más peligrosas y complicadas.

Salva rebusca entre sus legajos en busca del bichejo perfecto para destruirnos.